Luego de la revolución francesa el vestido en general tuvo un fuerte cambio, se dejaron de lado los corsés, mariñaques y cualquier otro tipo de estructura que pudiera afectar la silueta, para pasar a una moda de libertad y de evocación clásica de acuerdo al momento que se estaba viviendo.
El cambio en el vestido femenino fue bastante notorio. De vestidos estructurados, exagerados y llenos de telas y adornos, se pasó a usar el vestido-camisa robe en chemise o batola, el cual era tan sencillo que parecía ropa interior, porque se trataba de una prenda de cintura muy alta, de muselina, batista o calicó (en el caso nuestro de algodón) que caía hasta los pies. Esto corresponde a un gusto por las damas de vestirse como las estatuas clásicas con trajes enteros de telas blancas y vaporosas con corte vertical.
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