El artista acompaña esta obra con el siguiente ensayo:
"Los tres Reyes Magos, en realidad eran solo dos.
Al Fod, vestido de pescador,
el Hijo de Dios le puso en la mano
las llaves del cielo.
Los siete días de la creación, en realidad eran solo seis,
para abrir la puerta del cielo necesitas una radial.
Pesa demasiado, pero una puerta celestial abierta
ya no existe.
Pedófilos ocuparon la casa de Dios,
arrancaron la inocencia
y asesinaron al ratón de la iglesia.
Las palomas blancas dejaron de arrullar hace tiempo,
pero no se fueron volando,
fueron asesinadas,
allí mismo, en el acto.
Los siete sacerdotes, en realidad eran solo seis,
querían sexo con cada inocencia.
Lo peor es que no sabían
que la inocencia era una bruja mutada.
Los ángeles guardianes ya habían huido,
el diablo clavó la Biblia en la pared
y sostenía la máscara del pescador en su mano izquierda.
Eran solo seis,
no los Siete Magníficos,
ni siquiera los demonios lograron expulsarlo.
Allí no se celebra ni se ríe,
las puertas se abrieron de par en par,
allí Mephisto tiene el poder absoluto.
A la Sagrada Congregación se le ocurrió
declarar a María
como la hacedora de ángeles.
Los siete puentes, en realidad eran solo seis,
las puertas fueron tapiadas,
las chimeneas también,
y nunca más se volvió a ver humo blanco.
Detrás de gruesos muros,
dos papas adoran al Señor,
y, por supuesto, aquí también aman a los niños.
Donde los peces nadan sin rejas que los separen,
allí está lo que llaman libertad.
Las manos de Dios están congeladas.
Es lo que es.
Solo queda atrás
el Cristo destripado.
Abajo, en el agua turbia,
flota en secreto,
sin ser notado,
en sagrada calma,
un pequeño zapato blanco de niño,
solitario".
Fred Friedrich, Berlín, 17 de octubre de 2018
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