Se trata de una obra encargada por el cabildo para la Sacristía de la catedral compostelana. La composición tiene como eje central el Martirio del apóstol, que actúa como punto de referencia para distribuir el resto de las figuras y dirigir la iluminación cenital, que emana desde la figura de un ángel que desciende para coronar a San Andrés. A la izquierda, se dispone una grada sobre la que se sienta el personaje que habría condenado al santo a su martirio.
En el conjunto de figuras destacan los escorzos, las posturas dinámicas, sus expresiones y los brillos metálicos en las armaduras, todo esto dispuesto sobre una paisaje nuboso, característico del pintor. Contrasta, por otra parte, el claroscuro de los personajes del nivel inferior y el rompimiento del cielo.
Para la realización de esta escena probablemente el artista se basó en el modelo de Bartolomé Esteban Murillo, conservado en el Museo del Prado.
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