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The first Peruvian academic painter to be educated in Europe was Ignacio Merino, who participated in the definition of costumbrismo and at the same time assumed the decisive role of teaching the first generation of Peruvian academic painters. From 1850, when he established himself definitively in the Old World, Merino abandoned the depiction of Peruvian themes and launched an ambitious career in the official salons of Paris, where he enjoyed a degree of success. Reading Don Quixote was exhibited at the 1861 Paris Salon. The painter imagines a scene in which Cervantes is reading the manuscript of his celebrated novel to his protégé the Count of Lemos; in other words, he opts to represent the story from the perspective of the writer facing his public. Through the gestures and postures of those listening attentively, the artist attempts to instill in the viewer similar feelings of admiration for the creative process. By transforming the story into an anecdote, Merino appeals directly to the tastes of the new bourgeois public. This interest in historical recreation reflects his debt to the narrative, anecdotal and historicist painting developed at the turn of the century in France by Paul Delaroche and Léon Coignet. (NM)

Details

  • Title: Reading Don Quixote
  • Date Created: 1861
  • Physical Dimensions: w1620 x h1305 cm (Complete)
  • Type: Oil on canvas
  • Rights: Colección Museo de Arte de Lima. Donación Memoria Prado. Restaurado con el patrocinio de Refinería La Pampilla S.A.A
  • painter: Ignacio Merino
  • Título original: La lectura del Quijote
  • Técnica: Óleo sobre tela
  • Texto curatorial: El primer académico peruano en educarse en Europa fue Ignacio Merino, quien participó en la definición del costumbrismo y asumió a la vez un papel decisivo en la enseñanza de la primera generación de pintores académicos peruanos. A partir de 1850, en que fija su residencia definitiva en el Viejo Continente, Merino abandona la representación de temas peruanos y emprende una carrera ambiciosa en los salones oficiales parisinos, donde consigue cierto éxito. La lectura del Quijote fue expuesta precisamente en el Salón de París de 1861. El pintor imagina la escena en que Cervantes lee el manuscrito de su celebrada novela ante su protector, el Conde de Lemos; es decir, opta por representar la historia desde el punto de vista del escritor que enfrenta a su público. A través de los gestos y actitudes de los personajes que escuchan con atención, se intenta infundir en el espectador sentimientos similares de admiración frente a la idea del creador. Al convertir la historia en anécdota, Merino apela directamente al gusto del nuevo público burgués. Este interés por la recreación histórica refleja su deuda con la pintura narrativa, anecdótica e historicista desarrollada a principios de siglo en Francia por Paul Delaroche y Léon Coignet. (NM)

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