En esta composición encuadrada en un marco conformado por elementos arquitectónicos góticos, el Arcángel San Miguel centra la escena sosteniendo en la mano derecha la balanza con sus platillos, en los que se están pesando las almas. Éstas aparecen representadas a una escala menor en número de cuatro en cada platillo, bajo el aspecto de momias. El brazo derecho de la balanza se inclina y desciende hacia ese mismo lado, debido a la fuerza que ejerce sobre él la mano del demonio, situado en el ángulo inferior derecho, que trata de apoderarse de esas almas para llevarlas al infierno.
El demonio está representado con cabeza de toro y las fauces abiertas. Uno de los brazos así como las extremidades inferiores, recuerdan las garras de las águilas. La parte del torso va recubierta de algo similar a las escamas, mientras que la zona inferior presenta una recubrimiento de plumas. Aparece medio tendido en el suelo resistiéndose al embite del arcángel que, pisándolo con su pie derecho y con una lanza, intenta vencerlo. En esta lucha es ayudado por un ángel que está intentando rescatar el platillo de la balanza de las manos del demonio.
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