Proveniente de una familia inglesa de clase alta, Carrington recibió una rígida educación tradicional, contra la cual se rebelaría en su juventud. En 1936 viajó a Londres para estudiar en la academia fundada por el pintor Amédée Ozenfant. Ese mismo año, visitó allí la Primera Exposición Internacional del Surrealismo. Luego, en Francia y junto a Max Ernst, profundizó su vinculo con el círculo surrealista parisino, determinante en su carrera. Las leyendas celtas, contadas por su abuela y su niñera irlandesas, repletas de animales, hadas, dioses y druidas, despertaron su interés por los espacios mágicos y los paisajes enigmáticos.
En "Las distracciones de Dagoberto" –título que hace referencia a un rey merovingio del siglo Vil, gobernante de la Galia– confluyen distintas escenas que evocan la concepción mística de la naturaleza a través de intercambios entre lo divino y lo terrestre, la flora y la fauna. Con citas directas a la obra del artista renacentista y flamenco El Bosco, esta pintura fue realizada en el apogeo de la carrera Carrington, cuando la artista reforzó las referencias a rituales evocadores de transformaciones alquímicas y a elementos presentes en el ocultismo anglosajón, como el fuego, la tierra, el agua y el aire.
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