Explora la historia de una de las tradiciones más coloridas y antiguas de México
Todos los días 1 y 2 de noviembre, el ambiente se llena flores y sabores para dar la bienvenida a los muertos. Se prepara la ofrenda y se visitan los panteones.
En la ofrenda no pueden faltar las flores, velas, papel picado, pan, incienso, las calaveritas de dulce, la calabaza, los guisos, el agua, la sal, los juguetes, el vino, los cigarros y todo lo que al difunto le gustaba en vida.
Las ofrendas varían de región en región. Se realiza en la casa, en el panteón, sobre el suelo, en una mesa, en familia o en comunidad.
Para los artesanos la muerte es un proceso natural, doloroso por la ausencia que nos deja un ser querido, pero parte del ciclo de la vida...
...pues como dice el refrán: “Es una verdad sincera, que sólo el que no nace, llega a ser calavera”.
Sin duda, uno de los grandes atractivos de esta festividad, es la ofrenda y el arte en cartonería.
Muchos artistas, entre ellos Adalberto Alvarez, Raymundo Amezcua, Sergio Otero y la célebre familia Linares, han encontrado en la muerte, esa imagen sin rostro, la libertad creativa.
El papel, remojado en engrudo, se va colocando delicadamente, capa sobre capa, sobre una estructura de alambre o carrizo, para ir modelando la figura deseada.
Cada capa debe secarse para obtener el grosor necesario y la resistencia adecuada.
Una vez terminada la figura se procede a la decoración: la pintura y los detalles los cuales, además de resistencia y precisión, requieren de una combinación rigurosa y rasgos expresivos.
Un legado de historias, canciones y recuerdos
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