A lo largo de la historia, la humanidad ha mirado al Sol y deseado revelar sus secretos. Esta es la historia de una aventura del siglo XIX para capturar el Sol durante un eclipse, con una combinación de dos grandes tecnologías: el telescopio y la cámara.
La aventura comienza
A medida que el eclipse avanza, misteriosas llamas rojas iluminan el borde de la Luna. ¿Qué son estas "protuberancias"? ¿De dónde vienen? ¿Por qué solo podemos verlas durante un eclipse solar total? El químico, astrónomo y caballero aventurero Warren De la Rue (1815-1889) partió en un buque de transporte de tropas prestado de la Marina Real, el HMS Himalaya, con estas preguntas en mente. Era el 7 de julio de 1860, 11 días antes del eclipse solar más importante del siglo XIX.
La misión
De la Rue quería resolver una de las preguntas astronómicas más populares de la época: ¿qué son esas misteriosas protuberancias con forma de tentáculos que aparecen detrás del borde de la Luna durante un eclipse? ¿Son características de la Luna? ¿Son perturbaciones que ocurren a causa de la atmósfera de la Tierra? ¿O son en realidad una parte del Sol que normalmente no es visible debido a su resplandor?
El nuevo juguete de De la Rue: el fotoheliógrafo
Al zarpar del puerto de Plymouth, De la Rue sabía que tenía una oportunidad sin precedentes de responder estas preguntas, ya que tenía una nueva y poderosa herramienta a su disposición: el fotoheliógrafo de Kew. Este instrumento, mitad telescopio y mitad cámara, diseñado por el mismo De la Rue, fue el primero que se creó especialmente para fotografiar el Sol. También fue la primera ocasión en la que su uso permitiría que un problema científico de la astronomía se resolviera por medio de la fotografía.
Preparaciones
Con este nuevo dispositivo, un laboratorio de fotografía completo, cuatro asistentes, intérpretes y maleteros (además de las esposas y los hijos del personal), y un sentido del propósito científico victoriano, De la Rue navegó a través del golfo de Vizcaya hacia Bilbao, en el norte de España. Luego de trasladarse al pequeño pueblo de Rivabellosa, en el País Vasco, los integrantes del grupo erigieron su observatorio, su estudio fotográfico desmontable y su campamento, y esperaron.
Temporary observatory at Rivabellosa, 1860 (1860) de UnattributedScience Museum
El observatorio temporal en Rivabellosa, 1860. Puede notarse que De la Rue aparece dos veces, ya que esta vista es un montaje de dos fotografías.
El eclipse comienza…
Un cielo nublado en la mañana del 18 de julio de 1860 amenazó con arruinar toda la expedición pero, afortunadamente, el cielo se despejó justo a tiempo. Con el fotoheliógrafo de Kew en posición y listo para la acción, el borde del Sol comenzó a desaparecer detrás de la Luna.
Fotografías decisivas
De la Rue y su equipo tomaron más de 40 fotografías, incluidas dos valiosas tomas del eclipse total. Con un tiempo de exposición de un minuto en esas condiciones tenues, tuvieron suerte de haber podido tomar una. Por primera vez en la historia, en palabras del mismo De la Rue, estas valiosas fotografías "muestran las protuberancias luminosas con una precisión de contorno y posición imposibles de lograr con observaciones directas". Ahí estaba el descubrimiento. Los humanos nunca antes habían podido ver estas extrañas y hermosas particularidades con tanta claridad. Pero aún quedaba una pregunta: ¿eran de origen terrestre, lunar o solar?
Éxito solar en España
Una forma simple de resolver el asunto era comparar fotografías del eclipse tomadas en dos lugares diferentes. Si las protuberancias provenían de la Tierra o la Luna, las observaciones de diferentes sitios debían ser diferentes; sin embargo, si eran de origen solar, debían coincidir. Al comparar sus tomas con las de un astrónomo cercano, De la Rue determinó que las protuberancias observadas eran idénticas. La mayor pregunta astronómica de la época al fin tenía respuesta: las protuberancias eran, de hecho, características del Sol. Además, la solución se originó en la fotografía. De la Rue y el fotoheliógrafo de Kew habían demostrado que las protuberancias luminosas invisibles a simple vista podían ser capturadas en fotografías, lo que estableció la norma de todos los dispositivos futuros.
El legado de De la Rue
Desde la famosa expedición del eclipse de 1860, la fotografía ha sido la principal herramienta de los astrónomos para desentrañar los secretos de nuestra estrella más cercana.
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El Museo de Ciencias es parte del Science Museum Group.
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