Arte persa

Nacida en los territorios que actualmente corresponden a Irán, la cultura persa contaba con una arquitectura esplendorosa que incluía palacios, ciudadelas entre otras construcciones. En cuanto la escultura destaca el palacio de Susa decorado con relieves en piedra. En la pintura resalta la técnica al fresco y los manuscritos miniados. Los relieves decorativos también estaban presentes en los palacios, así como las pinturas. Estos relieves y pinturas representan principalmente aspectos sociales que demostraron la grandeza del Imperio y del poder del emperador.

Desde el punto de vista artístico compusieron una amalgama ecléctica con base mesopotámica, pero también con elementos egipcios y griegos. El arte resultante es un estilo utilizado para la exaltación del soberano. Se trata de un arte original, marcado en parte por su condición áulica, ya que está al servicio del rey, es el instrumento de exaltación de la monarquía, motivo por el cual en los palacios convergen todos los esfuerzos artísticos, mientras que como para los persas, los dioses no tenían casa ni lugares de adoración en la tierra, les bastaba un altar para celebrar los rituales, con lo que la influencia sagrada en el arte no tuvo relevancia.
Artes figurativas En las artes figurativas los persas muestran predilección por el relieve. Con ellos decoran los exteriores de los hipogeos reales y las estancias públicas de los palacios. Sus imágenes recuerdan a las asirias, pero sin la perfección ni la exaltación de la violencia de éstas. Las escenas son muy repetitivas y seriales: el soberano como receptor de tributos de los pueblos vencidos y sus soldados desfilando rígidamente. Sin embargo, la imagen más conocida tal vez sea la que ilustra la portada de la presentación, que representa a uno de los Inmortales, realizado en un colorístico ladrillo vidriado (azulejo), proveniente del palacio de Susa. No hay apenas representaciones de temática religiosa puesto que su único dios, Aura-Mazda, se representa como un disco solar alado.
A comienzos del siglo XIV se solía pintar sobre fondo rojo, cambiándose después por tonos azules y, al final del siglo, dorados. Uno de los principales retratistas fue Alí Reza Abbasi, que delineó sus figuras con sobrios peroexpresivos toques de pincel. Muchas de sus pinturas representan figuras individuales, aunque también pintó realistas escenas de grupos de peregrinos y derviches. A finales del siglo XVI y durante el siglo XVII los dibujos monocromos a tinta con ligeros toques de rojo y dorado reemplazaron a las brillantes policromías de los primeros manuscritos. Después del siglo XVII los artistas de Irán copiaron la pintura y el grabado europeos, entrando así en declive la tradición nacional.
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