20 may. 2018

La Pampa, tierra mágica de Pintura y Literatura

Pérez Celis - Museo Virtual

El diálogo entre la obra de Pérez Celis y los textos de Ricardo Güiraldes y Leopoldo Marechal, lo anticipó José Emilio Burucúa y se comprobó con el descubrimiento ulterior de archivos de cuadros dedicados a estos autores.

La mañana era linda, dorada, ágil. El desierto se alegraba de su descanso fresco. Unos teros pasaron, muy arriba, gritando su alegría. Se oyeron, lejos unos balidos. Una nube de gaviotas, chimangos y caranchos giraba como trompo de aire sobre alguna osamenta, allá para el lado de los cangrejales.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra.

Respiré hondamente el aliento de los campos dormidos. Era una oscuridad serena, alejada de luminares lucientes como chispas de un fuego ruidoso. Al dejar que entrara en mi aquel silencio me sentí más fuerte y más grande. A los lejos oí tintinear un cencerro.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

Ceferino Namuncurá

El sol matinal, pegado de soslayo en aquellos cuerpos dobles, el perfil de un trazado angosto, y las sombras se estilaban en el campo en desmesurada parodia.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

Y el Hombre volvió sus ojos a la tierra; y la tierra creía morir ahora de angustia bajo la mansedumbre de aquellos ojos pues identificaban en aquel Hombre al Señor Admirable que dijo: Sea la tierra, y la tierra fue.

Leopoldo Marechal. Adán Buenosayres

Colección Museo de Arte Moderno de Buenos Aires.
Paisaje Ideal. Acrílico sobre tela. Buenos Aires, Argentina. 1968

En la pampa las impresiones son rápidas, espasmódicas para luego borrarse en la amplitud del ambiente, sin dejar huellas.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

“A nosotros la pampa con su inmensidad, con su dimensión, ya nos proyecta hacía zonas que parecen de la estratosfera. Por lo menos este sentimiento tuve yo en “La Pampa extemporal“ donde con rayos naranja y verdes pinté a un satélite que veía pasar a la mañana y a la noche.”

Pérez Celis. Revista Nosotras, 1970

Paralelamente, la noción de Espacio también se me aclaraba como una pena, favorecida por la llanura cuya extensión se mide con sudores de caballo, y en la cual naciente o poniente, norte o sur eran fáciles caminos de ausencia y puntos a que volaban los ojos en atención de acariciados regresos. Mas aquella sensación del Espacio adquiría en mí los volúmenes del terror cuando, en las noches de luna nueva, tendido yo en la gramilla, levantaba mis ojos al cielo, donde las constelaciones australes parecían colgar sobre mí como los apiñados racimos de una parra celeste. […] recuerdo que, al mirar aquellas polvaredas estelares, mi alma caía en el vértigo del abismo, anonadada toda ella por la brutalidad que gravitaba desde lo alto y que la reducía brutalmente a polvo, como en un mortero.

Leopoldo Marechal. Adán Buenosayres

Alboreaba, y ya por la pequeña ventana vi rociarse de tintes dorados de las luces del naciente, largas, y finas como pétalos de mirasol.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

Sobre la tierra, de pronto oscurecida, asomó un sol enorme, y sentí que era yo un hombre gozoso de vida. Un hombre que tenía en sí una voluntad, los haberes necesarios.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

En el cielo deslucirse los colores volteados por la luz del día.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

Porque yo he devorado la creación y su terrible multiplicidad de formas: ¡ah, colores que llaman, gestos alocados líneas que hacen morir de amor!

Leopoldo Marechal. Adán Buenosayres

Nace el primer Museo del Grabado - Reuquecura 3er premio LVII Salón Nacional de Artes Plásticas (nombre de famoso cacique mapuche)

La serie de cuadros blancos fue resultado de la impresión causada por una nevada fuerte en Quemú Quemú La Pampa. La técnica empleada fue saturar todos los colores al blanco.

De pronto una abertura se hizo en el cielo. La lluvia se desmenuza en un sutil polvillo de agua y, como cediendo a mi angustioso deseo, un rayo de sol cayó sobre el campo.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

En el cielo, las primeras claridades empezaban a alejar la noche y las estrellas se caen para el lado de otros mundos. Orillamos un bajo salitroso y unas lagunas encadenadas, en que los pájaros, medio dormidos, se espantaron de nuestra presencia. Clareó más y comenzaron a vivir los animales de la pampa.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

3er Premio LIX Salón Nacional de Arte Plásticas

En adelante conocí un estado del alma que no era el de la vida ni tampoco el de la muerte, sino una posición de frontera en la cual vida y muerte se parecían y se diferenciaban. Me veía entre dos noches: la noche de abajo, es decir, la del mundo que yo abandonaba y cuyas formas, colores y sonidos me parecían ya inmensamente lejanos; y la noche de arriba en la que mis ojos no vislumbraban ni el más leve signo del amanecer.

Leopoldo Marechal. Adán Buenosayres

"Mi simbología y signografía han madurado, evolucionado. Ya no se circunscriben a los elementos primitivos de remotas civilizaciones, sino que ganan el terreno de lo nuevo, lo poco conocido, lo espacial. Lo cósmico"

Citado en “Pérez Celis levanta los ojos”, en Artiempo, Buenos Aires, 1969

El barro de las orillas y las barrancas habíanse vuelto de color violeta. Las toscas costeras exhalaban como un resplandor de metal. Las aguas del río hicieron frías a mis ojos y los reflejos de las cosas en la superficie serenada, tenían más color que las cosas mismas. El Cielo se alejaba,mudándose los tintes áureos de las nubes en rojos, los rojos en pardos.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

En la pampa las impresiones son rápidas,espasmódicas para luego borrarse en la amplitud del ambiente,sin dejar huellas.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

El callejón era semejante al callejón anterior,el cielo permanece tenazmente azul, el aire,aunque un poco más caluroso,olía del mismo modo.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

Y lagrimeaba yo, tal un niño extraviado en un bosque, sin saber aún que todo aquel enjambre de mundos cabía en la pequeñez de un entendimiento humano, por ser el intelecto una esencia no espacial y hallarse libre de las tres dimensiones del Espacio. Al recordar aquellas lágrimas infantiles, pienso ahora que muchos niños deberán llorar aún en la llanura, bajo el agobio de las noches australes, para que se inauguren dichosas vías de ascensión en el cielo desnudo de la patria.

Leopoldo Marechal. Adán Buenosayres

“Intento expresar la gran fuerza telúrica que irradia esa región de nuestro país.”

Pérez Celis un cosmonauta de La Pampa, Revista Panorama 1969


Pérez Celis: 
Viví un tiempo en La Pampa. Esta obra nació recordando una noche, cuando tirado panza arriba descubrí que los argentinos teníamos el Universo en la misma pampa, solo con la distancia que pueden dar los ojos. Toda la galaxia está en nuestra pampa. Revista Gente 1971.

Ya el campo había vuelto a su calidad de desierto. Del rodeo no quedaba casi recuerdo, ni en la llanura, ni en mi memoria. Parecía haber sido una pura imaginación, que negaba el vacío de los pajonales. Vacío que tenía algo de eternidad.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

Más adelante, y en la Cuesta del Agua, me hicieron entender la energía viviente de los símbolos. Porque hay símbolos que ríen y símbolos que lloran. Hay símbolos que muerden como perros furiosos o patean como redomones, y símbolos que se abren como frutas y destilan leche y miel. Y hay símbolos que aguardan, como bombas de tiempo junto a las cuales pasa uno sin desconfiar, y que revientan de súbito, pero a su hora exacta.

Leopoldo Marechal. El banquete de Severo Arcángel

Y hay símbolos que se nos ofrecen como trampolines flexibles, para el salto del alma voladora. Y símbolos que nos atraen con cebos de trampa, y que se cierran de pronto si uno los toca, y mutilan entonces o encarcelan al incauto viandante. Y hay símbolos que nos rechazan con sus barreras de espinas, y que nos rinden al fin su higo maduro si uno se resuelve a lastimarse la mano.

Marechal, Leopoldo. El banquete de Severo Arcángel

La luz me atribula; más lejos había sombras y algo se movía en ellas, haciendo presumir que deberá concentrar mi atención en su sentido... Llegué a un recuerdo como a un abra en el monte.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

¿No se es dueño de nada en su propia persona? ¿Un encuentro inesperado puede presentarse así en forma de destino, para desbaratarlo a uno en su propio modo de ser? ¿Somos como creemos, o vamos aceptando los hechos a manera de indicaciones que nos revelan a nosotros mismos?.

Ricardo Güiraldes. Don Segundo Sombra

Un mensaje de Pérez Celis a los pintores de la nueva generación

Fundación Pérez Celis
Créditos: reportaje

Fundación Pérez Celis
Diseñadores Iván Villani y Luz Arias
Traducciones Tom Maver y Fundación Pérez Celis
Un agradecimiento especial a José Emilio Burucúa

Solicitar archivos en: fundacionperezcelis@gmail.com

Créditos: todos los contenidos multimedia
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