Editorial Feature

La moda europea a través de los siglos

Un breve resumen de cómo evolucionaron y se influyeron entre sí las tendencias en todo el continente

Desde hace mucho tiempo, los países europeos han sido entre sí fuente de inspiración para la sastrería. Como uno de los aspectos más visuales de la expresión personal, la ropa proporciona una fascinante visión sobre cómo gusto y estilo han conectado culturas a través de los siglos. Echamos un vistazo al impacto que ha tenido la moda en todo el continente y a cómo se propagan las tendencias de una ciudad a otra a través de diferentes telas, colores y cortes.

Telas: trucos del oficio

En términos generales, la moda se categoriza como estilos de vestimenta en constante cambio que se producen en masa y se consumen en masa. Por supuesto, hace un par de siglos, no teníamos Instagram, ASOS o H&M, por lo que las tendencias no se difundían como lo hacen actualmente. La ropa se hacía a mano, de modo que tardaba más tiempo en fabricarse, no estaba disponible en las mismas cantidades que en la actualidad y además había limitaciones regionales: cada área tenía acceso únicamente a sus propios recursos naturales, por lo que un determinado tipo de tela podía estar disponible únicamente en una zona concreta.

Cuera (de la colección del Museo del Castillo de York)

El aumento en el comercio entre naciones comenzó a mostrar a comunidades que habían permanecido aisladas la variedad de materiales disponibles y condujo a que los amantes de la moda en ciernes desearan otros tejidos más exóticos en su guardarropa. Ciudades europeas como Flandes podían proporcionar lana de alta calidad; Italia, a través del comercio con el Imperio Otomano, ofrecía costosos materiales como seda y damasco; y los países del norte de Europa, como los escandinavos, podían proporcionar pieles lujosas, como la marta, el armiño y la ardilla nórdica. Del mismo modo, importantes centros comerciales como Bruselas, Colonia, Amberes, Florencia, Venecia y París permitieron la transferencia de tintes como el índigo, el azafrán y el escarlata. La moda comenzó a ponerse interesante.

Los colores y los influencers originales

En la época medieval, el color había sido más que una declaración de moda, una declaración de estatus y riqueza. Los colores brillantes eran caros de producir y se consideraban el extremo del lujo, estando reservados a las prendas de los nobles. Los miembros de la realeza eran los auténticos influencers de la época: cuando comenzaban a vestir de un color particular, los otros los seguían.

Por ejemplo, cuando el rey Luis IX de Francia comenzó a vestirse regularmente de azul, este se convirtió en el color más venerado de la época. Carlos el Temerario, que gobernó como duque de Borgoña, un reino que abarcaba áreas de Francia, Italia y Suiza, se valió de su proximidad a Flandes para vestir coloridas y espléndidas prendas en su corte, siendo imitado por las cortes de toda Europa. A todo esto, ¿cuándo el negro se convirtió en el nuevo negro? Fue gracias a Felipe II de España, quien convenció al resto de que vestirse de negro estaba a la moda para impulsar la venta del tinte producido en su país. Siguieron su ejemplo las clases altas de Inglaterra, del norte de Alemania y de Escandinavia.

Luis XIV, rey de Francia (1638-1715), por Hyacinthe Rigaud, 1702 (De la colección del Palacio de Versalles)
Retrato de Felipe II, Antonis Mor, c. 1549-1550 (De la colección del Museo de Bellas Artes de Bilbao)

El estilo extravagante de las cortes europeas comenzó a llegar a las clases más bajas a medida que aumentaba el suministro de materiales y tintes, y así las modas comenzaron a extenderse. Las ciudades comenzaron a introducir leyes, conocidas como leyes suntuarias, para tratar de controlar la forma en que se vestían las personas: se implantaron normas en Alemania en la Alta Edad Media, pero también aparecieron en Italia en 1157, Francia en 1180, España en 1234 e Inglaterra en 1363.

En lugar de reducir la extravagancia de la vestimenta que impregnaba a las clases sociales más bajas (de modo que los campesinos no vistieran del mismo modo que los nobles), accidentalmente alentaron la innovación de la moda al hacer circular inadvertidamente descripciones de diferentes tipos de vestimenta. Así, el vestir cortesano en Francia o España influiría en los nobles de otros lugares como Inglaterra y, a continuación, las tendencias llegaban gradualmente a las otras clases del país y toda Europa.

Mantua (1), de Leconte (Madame) (De la colección del Museo Victoria y Alberto)

Cortar las formas

Antes de mediados del siglo XIV, la ropa no se cosía, consistiendo simplemente en tela envuelta alrededor del cuerpo. Fue cuando la artesanía comenzó a mejorar que se permitió una mayor variedad en sastrería y más espacio para la experimentación. En la Alta Edad Media puede que no hubiera ejemplares de Vogue para mostrar estos nuevos diseños, pero existían la literatura y la poesía. Si las formas comenzaban a cambiar en una corte concreta, como el alargamiento de un dobladillo o el énfasis sobre una cintura, el fenómeno podía describirse en rima o en prosa y ser transmitido a través de las personas que viajaban entre estos lugares. Oír hablar del estilo radical de una túnica muy ceñida en una tierra lejana, o incluso contemplar exóticos visitantes de cortes extranjeras, inspiró a otros para experimentar con el corte de sus prendas.

Conjunto formal (Francia, 1790/1800) (De la colección del Museo Victoria y Alberto)

Con el paso del tiempo, gracias al advenimiento de la imprenta, la circulación de imágenes de lo que la gente vestía se facilitó, tanto a través de retratos como de libros sobre indumentaria. Lo que comenzaba como un nuevo corte en un país, se extendía a otro donde era recreado con diferentes materiales o colores, dando lugar a la evolución de las modas. Las tendencias comenzaron a estandarizarse y a influir al mismo tiempo.

Con cada nueva creación, sin importar lo pequeña que fuera, la moda mejoraba: botones realizados para cierres creativos, la prescripción de gafas permitió que los costureros hicieran mejor sus delicados trabajos, hasta la revolución industrial, cuando las telas pudieron ser producidas en masa. Durante todo este tiempo las modas fueron compartidas y objeto de innovación, pudiéndose ver estilos similares entre las distintas ciudades de Europa, adaptados con diferentes toques culturales.

Echa un vistazo a algunos ejemplos de evolución de la moda en Europa:

Vestido de cola: Francia c. 1810 y España c. 1820

Vestido de corte, desconocido, c. 1810 (De la colección del Museo Central de Utrecht)
Vestido de corte, c. 1820 (De la colección del Instituto de la Indumentaria de Kioto)

Traje tradicional: norte de Grecia de principios de la década de 1900 y Bulgaria de principios de la década de 1900

Traje sarakatsani de Alexandroupolis, norte de Grecia, principios de la década de 1900 (De la colección del Museo Británico)
Traje búlgaro, tocado nupcial (kaitsa) principios de la década de 1900

Traje del hombre: Suecia 1778-1785 e Inglaterra 1750-1760

Traje nacional, de hombre, Desconocido, 1778-1785 (De la colección del Nordiska Museet)
Traje de hombre (casaca, chaleco y calzón), 1750-1760 (De la colección del Instituto de la Indumentaria de Kioto)

Corsé: Países Bajos 1770-1790 e Italia 1770-1779

Corsé [Países Bajos], 1770-1790 (De la colección del MoMu - Museo de la Moda de Amberes)
Corsé (De la colección del Museo Metropolitano de Arte)
Comparte este reportaje con un amigo
Aplicaciones de Google