Colección de mapas novohispanos del Archivo General de la Nación México, que presentan la cosmovisión indígena. 

Memoria del mundo
México ocupa la primera posición en América y el sexto a nivel mundial en el programa Memoria del Mundo, al contar con varios registros: 44 a nivel nacional; 18 regionales y 12 a nivel mundial, de los cuales, tres los resguarda el Archivo General de la Nación de México: Pictografías de los siglos XVI-XVIII del fondo de archivos Mapas, dibujos e ilustraciones, Códice Techaloyan de Cuajimalpa y los Códices del Marquesado del Valle de Oaxaca.

El Registro de la Memoria del Mundo es una lista que ha sido aprobada por el Comité Consultivo Internacional y ratificada por el Director General de la UNESCO, como elemento que cumple los criterios de selección del patrimonio documental considerado de importancia mundial.

La UNESCO creó el Programa Memoria del Mundo en 1992. La conciencia creciente del lamentable estado de conservación del patrimonio documental y del deficiente acceso a éste en distintas partes del mundo fue lo que le dio el impulso original. La guerra y los disturbios sociales, más una grave falta de recursos, han empeorado problemas que existen desde hace siglos.

Importantes colecciones en todo el mundo han sufrido distintas suertes. El saqueo y la dispersión, el comercio ilícito, la destrucción, así como el almacenamiento y financiación inadecuados han contribuido a esta situación. Gran parte del patrimonio documental ha desaparecido para siempre y otra parte importante está en peligro.
Esta exposición presenta una selección de los 300 mapas que están inscritos en el registro de Memoria del Mundo que corresponde al Archivo General de la Nación, México.

Cosmovisión indígena
La colección de mapas pictográficos depositada en el Archivo General de la Nación, México, nos brinda una mirada a la cosmovisión indígena de nuestros antepasados. Estos mapas fueron trazados por pintores y escribanos (tlacuilos) entre los siglos XVI y XVIII. No sólo se registran parcelas o fracciones de terreno, también se preserva el modo como los distintos pueblos indígenas imaginaron el sitio que ocupaba su comunidad con relación al orden mayor del cosmos. Al estar dispersas estas comunidades por todo el virreinato de la Nueva España, los mapas ofrecen una perspectiva única respecto del territorio nacional y su pasado.

En ocasiones, los mapas muestran a toda una comunidad; es frecuente encontrar un poblado representado por una sola iglesia y el paisaje circundante. Los mapas no forman territorios medidos a escala matemática -como los encontraríamos en planos modernos de ciudades y poblados-, sus creadores, muchos de ellos escribas profesionales, dibujantes o pintores, forjaron imágenes que reflejan otras realidades espaciales.

El pueblo está registrado generalmente en medio del mapa, reflejando la centralidad de la entidad indígena en la vida de sus residentes, fueran los del altépetl que hablaban náhuatl o el ñuu de los mixtecos. En algunos de los mapas, advertimos elementos de las ideas indígenas que se tenían sobre la naturaleza de la tierra. Los nahuas del centro de México creían que la tierra había sido creada con el cuerpo de Tlaltecuhtli, cuya piel era como la un caimán gigante.

En el mapa de Misantla, Veracruz, los cerros están pintados de verde y muestran un diseño con patrón de diamantes y entramado en líneas, para representar la piel del caimán.

Los mapas provienen de lo que en la actualidad son los estados de México, Guerrero, Hidalgo, Puebla, Oaxaca, Querétaro, Michoacán, Tlaxcala y la Ciudad de México. Cuando los mapas fueron trazados, estos lugares formaban parte del Virreinato de la Nueva España; incluso algunos formaron parte del Imperio Azteca.

Los habitantes de estos poblados hablaban mixteco, náhuatl, totonaco, otomí, zapoteco, mazateco, cuicateco, mazahua, purépecha, lenguas que hoy en día se siguen hablando en el país. Muchos de estos mapas fueron diseñados para ser mostrados ante jueces y corregidores de habla hispana. Por lo tanto contienen glosas en español y unos cuantos están escritos en náhuatl y mixteco.

Historia
Durante el periodo prehispánico, los pueblos indígenas desarrollaron un sistema de escritura pictográfica que utilizaba imágenes y símbolos para expresar ideas en sus códices y documentos. Posterior a la Conquista, estos escribas aprendieron la escritura alfabética, por lo regular en escuelas a cargo de misioneros católicos. Por ello, en sus mapas combinaron pictogramas con palabras alfabéticas, como puede apreciarse en las obras.

La mayoría de los mapas que datan del siglo XVI y de principios del XVII fueron creados para documentar mercedes (cesiones de tierra). El mapa más antiguo es copia de otro trazado en 1536 durante el mandato de Antonio de Mendoza Pacheco, primer virrey de la Nueva España, quien fue una figura clave en el desarrollo de la cartografía indígena, al percatarse de la importancia que tenían los documentos pictográficos para los pueblos indígenas.

Cuando el virrey de Mendoza hacía una cesión de tierra deshabitada, pedía a las autoridades locales españolas, frecuentemente a un corregidor, que enviara una pintura como parte de la documentación necesaria para conceder esa merced. Como muy pocos españoles podían dibujar mapas, eran los escribas indígenas quienes se ocupaban de cumplir con el requisito.

El proceso de reciprocidad es evidente en los mapas de la exposición. Con frecuencia podemos ver el trabajo de un cartógrafo indígena que se comunicaba a través de pictografías e imágenes como base del mapa; posteriormente alguien que sabía español completaba los mapas con textos. Los textos usualmente tratan sobre los nuevos arreglos económicos que tanto los colonizadores españoles como los criollos llevaban a lo que alguna vez fueron tierras indígenas; las “estancias de ganado mayor”, tierras para la crianza de reses ―animales traídos por los españoles—, molinos de agua para la producción de harina, que luego era usada en la elaboración de pan.

Los mapas más recientes del siglo XVIII fueron trazados con frecuencia para proteger la tenencia de la tierra de las comunidades indígenas. Para ello, los gobiernos indígenas tenían mapas más antiguos en los que se apreciaban los límites de la comunidad, que eran copiados y enviados a las autoridades coloniales. En ocasiones encargaban la elaboración de mapas que registraran en su superficie acontecimientos del siglo XVI.

El mapa de San Agustín de las Cuevas, que está fechado en el temprano año de 1537, es uno de tales documentos del siglo XVIII “vistos en retrospectiva”, y pertenece a una clase de documentos llamada “títulos primordiales”.

Tipologías de los mapas
La mayoría de los mapas expuestos del siglo XVI y XVII fueron elaborados para ser entregados al gobierno virreinal, junto con otros documentos como parte del proceso para otorgar alguna merced. Uno de los requisitos para recibir esta merced, era que tales tierras estuvieran a una distancia oficialmente fijada (aproximadamente dos kilómetros) de campos cultivados y otras propiedades, para que no causaran perjuicio a terceros en disputa, como otros propietarios o alguna comunidad indígena adyacente.

A eso se debe que muchos de los textos especifiquen tanto la propiedad como las distancias a la potencial cesión de tierra: “estas sementeras están del sitio [de la merced] una legua”, dice uno. En otro, la cesión de tierra es solicitada por un gobernador indígena, el mapa indica: “este es el sitio que pide Don Martín Ximénez gobernador”.

Uno de los casos es expuesto en dos de los mapas que acompañan la petición de una merced en Tenancingo, Malinalco, que fueron elaborados por dos artistas indígenas distintos.

Algunos mapas fueron elaborados no como requisito para el otorgamiento de una merced, sino en su contra, ya que las comunidades indígenas usaban los mapas para protestar en contra de las cesiones de tierra que eran perjudiciales para sus comunidades.

Un puñado de cartografías data del siglo XVIII, son copias de mapas indígenas anteriores o recientemente comisionados que debían parecer antiguos. Su existencia prueba el efecto a largo plazo que tuvo el carácter de fuentes confiables en disputas legales que el virrey Antonio de Mendoza dio a las pinturas, pues dos siglos después las comunidades indígenas seguían usando mapas pictográficos para sustentar sus dichos en las cortes. El que tales mapas fueran elaborados y comprendidos dos siglos después de la Conquista nos habla de la continuidad de la cosmovisión indígena.

Lectura y escritura de los mapas
En los mapas que se presentan en esta exposición, aparecen imágenes, símbolos y palabras entremezclados, los cuales  representan extensiones espaciales de la tierra. Cerros y montañas eran rasgos del paisaje, así como sitios sagrados para muchos pueblos indígenas, los cuales destacan en los mapas de la exposición.

En algunos mapas, los cerros representan tanto rasgos del paisaje como nombres pictográficos. En el mapa de Tehuantepec, se observa un cerro adyacente a un poblado que muestra un pequeño jaguar, cuyo nombre en náhuatl, tecuani, el cual le da nombre al poblado. Pictogramas usados para escribir los nombres de poblados y montañas pueden ser vistos en casi todos los mapas incluidos en la muestra.

Especialmente importantes son los ríos, cuya vida se refleja en el agua que nutría los cultivos. Éstos eran frecuentemente representados con bandas azules, señalando un patrón interior de corrientes y remolinos. Algunas veces, los márgenes de los ríos eran decorados con un doble círculo con forma de dona, que representaba el jade para los artistas prehispánicos. Este modo de representar el agua pudo ser sólo una convención al momento de la elaboración de estos mapas, pues su origen proviene de una cosmovisión indígena. En la parte central de México, la deidad de los ríos y arroyos era Chalchiuhtlicue, cuyo nombre quiere decir “la de la falda de jade”, representada por el símbolo del jade que bordea los ríos.

Otros rasgos característicos de los mapas indígenas pueden ser vistos por ejemplo, en los caminos marcados por pequeñas huellas intercaladas con pezuñas, como si hubieran dejado un rastro para mostrar tanto la presencia de bueyes como de caballos. Los cartógrafos creaban mapas no sólo para sentar registro del territorio, sino para dejar testimonio de los actos humanos que daban forma al paisaje.

Uso actual
Así como en siglos pasados, cuando las comunidades indígenas presentaban mapas como evidencia legal de propiedad; estos mapas y otros documentos, hoy en día son utilizados todavía por los mexicanos para reclamar derechos sobre sus tierras. Personal del AGN México, en conjunto con campesinos, ejidatarios, comunidades rurales, representantes comunales, etcétera, localizan y analizan los mapas y documentos que requieren.

Dada la riqueza de su acervo documental, el Archivo General de la Nación, México, atrae a investigadores de todo el mundo. Muchos estudiosos de diversas disciplinas utilizan hoy en día los mapas que usted ve expuestos para comprender nuestro presente a través de la perdurabilidad de la cosmovisión indígena.

Geógrafos por excelencia
Estos mapas permiten conocer la geografía de la época y contrastarla con las vistas actuales que se pueden tener gracias a los satélites. 

Mapa de San Juan Cuiluco y Huaquechula, Puebla, de 1694.

Vista actual del Ex Convento de Huaquechula, Puebla, que data del siglo XVI y es considerado el segundo más antiguo en México.

Mapa de Acacingo, Puebla, de 1606, donde se aprecia al centro la hoy conocida como Capilla de Nuestra Señora de la Soledad. 

Vista actual de la Capilla de Nuestra Señora de la Soledad, en Acatzingo, Puebla.

Mapa de Atlatlaucan, Morelos, de 1539. 

Vista actual del Ex Convento Agustino de San Mateo Apóstol, en Atlatlahucan, Morelos.

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